jueves, 4 de febrero de 2016

¿Por qué hay que estudiar humanidades? - Por Jose Antonio Marina

Todos los alumnos nos han preguntado alguna vez: ¿Y esto para qué sirve? Suele ser una pregunta incómoda, que podemos interpretar como una muestra de cerrilismo del alumno. ¡No se dan cuenta de lo importante que es leer, saber historia, aprender filosofía, disfrutar con la poesía! Por su parte, muchos padres están preocupados por el futuro laboral de sus hijos y reclaman asignaturas útiles para ganarse la vida. 
Con frecuencia, los docentes nos refugiamos en las leyes educativas, o en una vaga evidencia del valor de lo que enseñamos, y dedicamos poco tiempo a explicar para que vale lo que deseamos que aprendan. 

Por eso me interesa mucho la obra de Martha Nussbaum, una gran humanista a la que se le concedió el Premio Príncipe de Asturias. Hace ya bastantes años, Emilio Lledó me dijo que era la mejor helenista del momento. Su libro La fragilidad del bien es admirable por su erudición y por su perspicacia. Luego ha escrito muchas obras sobre ética y filosofía del derecho, y trabajó con Amartya Sen, premio Nobel de economía, estudiando las hirientes diferencias sociales y las situaciones de injusticia. Hoy quiero referirme a dos libros suyos dedicados a la educación: El cultivo de la humanidad,  y, sobre todo, Not for Profit, que lleva un subtítulo llamativo: 

¿Por qué la democracia necesita las humanidades?  En el primero, estudia la situación de las humanidades en la universidad americana, y expone las tres destrezas intelectuales que solo las humanidades desarrollan y que son imprescindibles para la convivencia democrática: (1) La capacidad de examinar críticamente las propias ideas y las tradiciones culturales en que se ha crecido, (2) La capacidad de verse a sí mismos no solo como ciudadano pertenecientes a una nación, sino como seres humanos vinculados a los demás seres humanos por lazos de reconocimiento y mutua preocupación, (3) Lo que podemos llamar “imaginación narrativa”, que permite ponerse en el lugar de los demás. El segundo libro comienza con una afirmación dramática:

 “Estamos en medio de una crisis de proporciones masivas y grave significado global. No, no me refiero a la crisis económica que comenzó el año 2008. Al menos, en este caso todo el mundo sabe que existe y muchos líderes mundiales trabajan rápida y desesperadamente para encontrar soluciones. No, me refiero a una crisis que está pasando desapercibida, como un cáncer, una crisis que puede ser, a largo plazo, mucho más destructiva para el futuro de la democracia: la crisis mundial en la educación.

Nussbaum sostiene que una preocupación obsesiva por el “beneficio”, por el progreso económico, está expulsando de la educación aspectos esenciales para una convivencia justa y noble. En este momento se ha asentado en los sistemas educativos la idea de que solo las ciencias, la tecnología y el inglés son importantes, mientras que las demás asignaturas son un “lujo mono”, como era la costura, el piano y la cultura general para las señoritas del siglo XIX.  

Todos colaboramos en esta idea, porque defendemos con poca contundencia argumental el papel de las humanidades. Para justificar la necesidad de leer, solo se nos ocurre decir que es un gran placer. Los maestros de la República veían las cosas con más claridad cuando imprimían carteles con el lema: “La lectura es la mejor defensa contra el fascismo”. Nussbaum comenta: “Las humanidades son necesarias para pensar críticamente, para superar las lealtades locales y acercarse a los problemas globales como un “ciudadano del mundo”, y, finalmente, para comprender empáticamente a otras personas.” Y estas cosas son esenciales para la democracia. Así pues, la educación -concluye- debe ser “for profit” y “not for profit”. 

Es decir, para conseguir bienes económicos y también para conseguir bienes no económicos.  Como en los seriales.

CONTINUARÁ…

Fuente:
 CENTRO DE ESTUDIOS SOBRE INNOVACION Y DINAMICAS EDUCATIVAS (CEIDE)

"La cultura no es una actividad del tiempo libre; es lo que nos hace libres todo el tiempo" - Entrevista- Luisa Etxenike, escritora

Ante la pérdida de riqueza en el lenguaje, advierte: "No es lo mismo poseer 1.000 palabras que 40.000, en ningún orden de la vida, por eso creo que hay democracias de 1.000 palabras y democracias de 40.000".
 Para Etxenike, "la identidad no es algo que recibimos de serie, como el equipamiento de los coches. La identidad es algo singular".
 La escritora donostiarra Luisa Etxenike señala que "la relación con el lenguaje es la relación estelar de nuestras vidas y el perder ese matiz, esa ambición, se convierte en una catástrofe personal y social".
 Ante la situación de la creación literaria en Euskadi, dice: "El Instituto Etxepare, una ventana al exterior de la cultura vasca, necesita revisar y, sobre todo, reforzar su trabajo en la literatura en castellano".


Luisa Etxenike (San Sebastián, 1957) es escritora de novelas y relatos, pero también reflexiona sobre el lenguaje, la realidad política o el porvenir con certera clarividencia como muestran sus frecuentes artículos en prensa. El próximo 18 de junio presentará un nuevo libro en San Sebastián, El arte de la pesca, reescritura de la última parte de su novela Los peces negros, una especie de 'collage' de cortos en relación con ese texto, que llevará una ilustración sonora a cargo del compositor Borja de Miguel.

Directora del festival literario   Un mundo de escritoras, miembro del Consejo de Redacción de la revista de cultura y pensamiento   Grand Place, el pasado sábado 18 de abril intervino en el evento TEDx Almendra Medieval, en Vitoria, para hablar sobre ecología lingüística: "Como las selvas amazónicas, las palabras también se expolian, se violan, se maltratan y hay que cuidarlas", comentó. 

¿De dónde surge tu argumentación sobre la necesidad de una ecología lingüística ante el empobrecimiento del lenguaje?

Yo le llamo ecología lingüística, pero podríamos hablar también de ecología del pensamiento, de ecología cultural. La reflexión viene de la constatación de la desertización que avanza en determinados campos que considero fundamentales, que son el de la cultura, el pensamiento, el arte, la creación intelectual. Y que tiene que ver también con un empobrecimiento del lenguaje. La relación con el lenguaje es la relación estelar de nuestras vidas y el perder ese matiz, esa ambición, se convierte en una catástrofe personal y social. Las Humanidades están siendo desterradas del sistema educativo y eso tiene consecuencias. Vemos cómo se ha despertado la conciencia ecológica y la ciudadanía comprende la pérdida colosal que supone la devastación del Amazonas, del mismo modo, hay bienes culturales, patrimonio, libros, capacidad de lectura de referencias que se están perdiendo, que se están devastando por el poco aliento que desde instancias institucionales se da a la preservación de ese patrimonio.

¿Podemos decir que esto es premeditado?

No quiero que mi pensamiento se articule en forma de la polémica o la provocación. Decir que esto es "premeditado" es un titular fácil. Sinceramente, creo que lo tenemos que abordar con serenidad. Es verdad que hay una identificación excesiva de la cultura con el entretenimiento, pero la cultura no es una actividad del tiempo libre sino lo que nos hace libres todo el tiempo. Hay una poderosísima industria del entretenimiento y eso nos hace perder de vista el sentido emancipador, el sentido de crecimiento personal y social que la cultura, y lo fundamental que es en este sentido la capacidad del lenguaje. No es lo mismo poseer 1.000 palabras que 40.000, en ningún orden de la vida. No en la vida del conocimiento íntimo, pero tampoco en la comunicación social y política, por eso creo que hay democracias de 1.000 palabras y democracias de 40.000. La cultura está mucho más cerca de la creación artística que del entretenimiento.

Junto al empobrecimiento del lenguaje, vivimos también la perversión de los significados, la invasión de la neolengua.

Es que al mismo tiempo que hablamos de la falta de siembra en el lenguaje, hay que citar la manipulación del mismo, acompañado por un conformismo con la ausencia de matiz, con la brocha gorda, con la perversión de los conceptos. Lo que llamo las apropiaciones indebidas del lenguaje, que es llamar a las cosas por nombres que no les corresponde. Todo forma parte del mismo conjunto que nos hace vulnerables a cualquier tipo de manipulación. Es fundamental tener del otro lado un receptor que sepa distinguir lo que le cuentan. Y no solo es responsabilidad de la escuela, también los medios de comunicación que no informan con el rigor que corresponde, o los discursos públicos que no preconizan el el matiz, el hilar fino en la expresión.

Eres escritora vasca en castellano, vives junto a la frontera con Francia, cuyo gobierno te ha reconocido como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, y tu obra se traduce a esta lengua... ¿Cómo vives el día a día de esta cultura trilingüe?

Cuando hablaba de ecología lingüística, hablaba de ecologismo de las lenguas, sin duda: lo que amenaza a una lengua, amenaza al resto. Creo que es una situación que se vive en todas partes, aunque bien es verdad que hay sistemas educativos que lo ven más claro y tratan de combatirlo. Cuando alguien cruza la frontera o se coloca frente a la ciudadanía francesa en el ámbito que sea, se queda maravillado ante lo bien que hablan. Está claro que el sistema educativo y el debate público franceses están más preocupados por la calidad de la lengua que el que tenemos a este lado de la frontera.

¿Y en cuanto a la convivencia entre el euskera y el castellano?

A mí no me importa en que lengua escribe una persona, sino lo que dice. Por tanto, quienes escribimos en euskera y castellano ya llevamos muchos años de convivencia, tenemos entre nosotros una relación fluida y natural y no confundimos la lengua de expresión con las convicciones de cada cual ni con los respectivos proyectos creativos. Otra cosa es el apoyo institucional, donde todavía hay trabajo que hacer. Seguimos teniendo instituciones volcadas en apoyar la creación en euskera más o de manera diferente que la que se hace en castellano. Y yo sí creo que se debería revisar la discriminación positiva al euskera. Por ejemplo, hasta años muy recientes, hasta que llegó el gobierno del lehendakari Patxi López, la edición en castellano no recibía ningún apoyo. Fueron muchos años de discriminación. Patxi López lo resolvió, pero a mi juicio todavía falta en las instituciones vascas una convicción más decidida para considerar que el apoyo a la creación no tiene que tener esa variable lingüística que deja en un segundo plano la creación literaria en castellano. Y me refiero, por ejemplo, al Instituto Etxepare, una ventana al exterior de la cultura vasca, que en su trabajo en la literatura en castellano necesita revisarse y, sobre todo, reforzarse.

En más de una ocasión, has reflexionado sobre la relación de Euskadi con España, ¿Cómo entiendes tú esa relación, o la de Cataluña, en estos momentos quizás más crispada que la vasca? 

Lo voy a decir simplemente: supongo que habrá personas que viven con conflicto el hecho de ser español o vasco. Pero hay muchas personas, entre las que me incluyo, que no viven con ningún conflicto el ser vascas y españolas. Es más, ese vivir sin conflicto les prepara también para ser otras cosas: europeos. No estamos en esa polaridad, sino en esa triangulacíón que es estimulante, necesaria, fundamental. Además, crucemos la frontera, como yo hago constantemente. Y me encuentro a mi alrededor con una mayoría de personas que viven sin conflicto ser vascos y franceses. Y a este lado, ocurre lo mismo: muchísimas personas que viven con alegría, con naturalidad, sin conflicto. Ese vivir así necesita un amparo político, que esté en el discurso público. A veces, la crispación viene de que el debate lo copan quienes viven en ese conflicto. En cualquier caso, creo que en el ámbito de las identidades, mi posición fundamental es que la identidad no es algo que recibimos de serie, como el equipamiento de los coches. La identidad es algo singular. Yo abogo, antes que por ser vasco, español..., por ser yo misma, con los mestizajes que la vida me va proponiendo. Hablaría de la originalidad íntima de la identidad. En ese sentido, sí puedo participar de una identidad común, dinámica, que es la de las convicciones políticas.

La aparición de nuevas fuerzas políticas, ¿nos sitúa ante una nueva era en la que esas identidades políticas de las que hablas tengan un impulso? 

La crisis económica ha destapado una realidad que estaba tapada por una ilusión de riqueza que no afectaba a todo el mundo. La crisis nos obliga a replantearnos muchísimas cosas, como una cierta inercia política que nos hacía entender como si las cosas funcionaran porque sí. Hay que replantear las convicciones de la izquierda, de la democracia y la aparición de nuevas fuerzas obliga a replantear esa inercia en una dinámica. Y todo lo que supone una dinámica es bueno. Dicho esto, yo no creo que necesitemos líderes o partidos providenciales, sino que necesitamos regenerar la relación entre la ciudadanía y la política, desde la convicción de que la política debe estar libre de toda sospecha. La calidad de la política viene por la monitorización que hace el ciudadano de la misma en tiempo real. Ha habido una inercia de abandono de esa capacidad que es al mismo tiempo una responsabilidad de la ciudadanía. Creo que estamos ante un momento estimulante.

¿Puede haber un paralelismo con los momentos posteriores a la muerte de Franco? 

Yo era muy joven entonces. Ahora las hemerotecas hablan de líderes políticos, pero yo me acuerdo de la calle, de la importancia que le dábamos a votar. Había una comprensión de que la democracia no se hacía de arriba hacia abajo, sino de la ciudadanía a la clase política. Es necesaria una ciudadanía lúcida, responsable, que sabe que la calidad de la democracia están en sus manos. Yo creo que tenemos que recuperar eso, pero para recuperar eso hay que recuperar lo primero, lo que iniciaba la conversación: una ciudadanía lúcida es una ciudadanía formada, capaz de hilar fino y sobre todo de leer fino los discursos.

Fuente: 

eldiario.es

martes, 2 de febrero de 2016

El peluquero que corta el pelo gratis a los niños que le lean un libro


Esta es una de esas iniciativas que no sólo merecen ser contadas, sino que despiertan respeto y admiración hacia quienes la promueven. En este caso, detrás de ella está Courney Holmes, un peluquero del estado de Iowa (EEUU) que corta el pelo gratis a cambio de que los niños le lean un libro.

El acuerdo es fácil: Holmes corta el pelo sin cobrar nada si, mientras lo hace, los más pequeños leen. Así asegura que está más cerca de su objetivo: conseguir que los niños de su ciudad, Dubuque, dejen de lado las videoconsolas y se distraigan y disfruten con un libro entre las manos. Además, consigue que las familias que tienen menos recursos puedan proporcionar a sus hijos material que, de otra forma, no podrían tener.

"Vienen y les digo que tomen un libro y que si no lo entienden se lo explico, o incluso lo leemos juntos", ha explicado Holmes a Usa Today, que se hace eco de su historia. “Para ser honesto, estoy sorprendido. La cola empezó con solo cuatro niños y lo siguiente que vi fue a 20 esperando su corte de pelo y su libro”, ha agregado Holmes.

Este peluquero no quiere solo que lean el libro en cuestión, sino que también pretende que lo entiendan y que extraigan algún aprendizaje. "Cuando acabo de cortarles el pelo les pregunto: '¿De qué iba el libro?'. Así me aseguro de que saben lo que leen", explica.

La respuesta de los ciudadanos ha sido más que gratificante: el negocio se ha llenado de niños dispuestos a cortarse el pelo mientras leen libros y, además, ahora este peluquero cuenta con la ayuda de la asociación Community Foundation of Greater Dubuqe. Así, poco a poco, el proyecto de Holmes va cogiendo forma. A los libros que él mismo llevó desde su casa a su peluquería, ahora se suman los de los ciudadanos anónimos que, a través de la asociación, le están haciendo llegar más ejemplares.

De hecho, el éxito está siendo tan grande, que ahora la fundación y Holmes organizan eventos mensuales en la peluquería en los que enseñan la importancia de la lectura. 
"El objetivo no es solo el de impactar en nuestra comunidad, sino también demostrar a los niños de familias con pocos ingresos, cómo, a través de la lectura, se puede tener mucho éxito".

lunes, 1 de febrero de 2016

"Me llamo Rachel Corrie" - Mario Vargas Llosa

Si pasa usted por Nueva York, olvídese de los suntuosos musicales de Broadway y trate de conseguir una entrada en un pequeño teatro cálido y desvencijado, el Minetta Lane Theatre, en la calle del mismo nombre, en la frontera entre Greenwich Village y Soho. Si la consigue y ve la obra que allí se presenta, My Name is Rachel Corrie, descubrirá lo estremecedor que puede ser un espectáculo teatral cuando hunde sus raíces en una problemática de actualidad y, sin prejuicios y con talento y verdad, representa en un escenario una historia que, por 90 minutos, nos instala en el horror contemporáneo por medio de una muchacha que, en su corta existencia, jamás pudo soñar que daría tanto que hablar, despertaría tantas polémicas y sería objeto de tanta reverencia y amor, así como de tantas calumnias.

La obra se estrenó el año último, en el Royal Court Theatre, en Londres y debió vencer grandes obstáculos para llegar a Manhattan. Las presiones de organizaciones extremistas pro israelíes consiguieron que su primer productor, el New York Theater Workshop, desistiera de montarla, lo que provocó manifiestos y protestas en los que participaron artistas e intelectuales de renombre, entre ellos Tony Kushner. Al fin, el espíritu liberal y tolerante de esta ciudad se impuso y ahora la obra, que ha merecido excelentes reseñas, funciona a sala llena.


El texto es un monólogo de la protagonista, encarnada en una joven actriz de mucho talento, Megan Dodds, elaborado por Alan Rickman y Katharine Viner a partir de los diarios, cartas a sus padres y amigos y otros escritos personales de Rachel Corrie. Nadie diría que una obra tan bien estructurada y que fluye de manera tan natural, sin el menor tropiezo, en la electrizante hora y media que dura, no fue concebida como un texto orgánico, por un dramaturgo profesional, sino hecha sólo de citas y remiendos.

Rachel nació en Olympia, un pueblo del estado de Washington y, por lo visto, desde niña se acostumbró a dialogar consigo misma, por medio de la escritura, en unos textos que muestran, de manera muy fresca y a ratos risueña, la provinciana vida de una muchacha que llega a la adolescencia, como tantas otras de su generación en los Estados Unidos, llena de desasosiego y confusión, presa de una rebeldía sin norte, un estado de ánimo profundamente insatisfecho y contra su vida privilegiada y el horizonte estrecho, pueblerino, en que discurre. Alienta la vaga intención de ser más tarde poeta, cuando crezca y se sienta capaz de emular a esos autores cuyos versos lee sin tregua y memoriza.

No hay en ella nada excepcional, más bien las experiencias previsibles en una jovencita de clase media, normal y corriente, desconcertada ante el mundo que va descubriendo, sus entusiasmos con las canciones y los cantantes de moda, los efímeros coqueteos con los compañeros de estudios y, eso sí, constante, una insatisfacción informulada, la búsqueda de algo que, como la religión para los creyentes -ella lo es sólo a medias y en todo caso la práctica religiosa no colma ese vacío que a veces la atormenta- de pronto dé a su vida una orientación, un sentido, algo que la impregne de entusiasmo.

Esta parte de la historia de Rachel Corrie no es menos intensa ni interesante que la segunda, aunque sea menos dramática. Lo singular, dada la evolución de su historia personal, es que entre todas las inquietudes de que dan testimonios sus escritos privados, la que no figura ni por asomo es la política, algo que refleja muy bien una condición generacional. Hace treinta años, los jóvenes norteamericanos canalizaban su rebeldía y su inquietud en comportamientos, atuendos, aficiones, gestos, todo aquello nimbado en algunos casos de un discreto anarquismo individualista o, en el otro extremo, de una militancia religiosa, pero la política solía merecerles la indiferencia más total, cuando no el más abierto desprecio.

En la obra, tal vez porque este momento crítico de su existencia no quedó documentado en sus escritos, hay un gran paréntesis, aquel período que lleva a la jovencita provinciana que aspira a ser algún día poeta, a dar un paso tan audaz como ofrecerse, a comienzos del año 2003, como voluntaria para ir a luchar pacíficamente a la Franja de Gaza contra la demolición, por el ejército de Israel, de las casas de vecinos emparentados o relacionados con los palestinos acusados de terrorismo.

En el primer momento pensé que Rachel Corrie había ido a trabajar con mi amigo Meir Margalit, uno de lo israelíes que más admiro, en su Comité de Israel Contra la Demolición de Casas, sobre quien he hablado ya en esta columna. Pero, no, Rachel se inscribió en el Movimiento Internacional de Solidaridad, conformado sobre todo por jóvenes británicos, estadounidenses y canadienses que, en los territorios ocupados, yéndose a vivir en las viviendas amenazadas, tratan de impedir -sin mucho éxito, ni qué decirlo- una acción moral y jurídicamente inaceptable, pues parte del supuesto de una culpa colectiva de una población civil que debe ser castigada en su conjunto por los crímenes de individuos aislados.

Las cartas que Rachel escribe a padres y amigos desde Rafah, en el sur de Gaza, revelan una progresiva toma de conciencia de una joven que descubre, compartiéndola, la miseria, el desamparo, el hambre y la sed de una humanidad sin esperanza, arrinconada en viviendas precarias, amenazada de balaceras, de redadas, de expulsión, donde la muerte inminente es la única certidumbre para niños y viejos. Rachel, aunque duerme en el suelo como las familias palestinas que la acogen y se alimenta con las mismas magras raciones, se avergüenza de los cuidados y cariño que recibe, de lo privilegiada que sigue siendo, pues en cualquier momento ella podrá marcharse y salir de esa asfixia y, en cambio, ellos.

Lo que más la aflige es la indiferencia, la inconsciencia de tantos millones de seres humanos, en el mundo entero, que no hacen nada, que ni quieren enterarse de la suerte ignominiosa de este pueblo en el que ella está ahora inmersa.Era una joven idealista y pura, vacunada contra la ideología y el odio que ella suele engendrar, por la limpieza de sus sentimientos y su generosidad, que se vierten en cada línea de las cartas que dirige a su madre, explicándole cómo, a pesar del sufrimiento que ve a su alrededor -los niños que mueren en las incursiones israelíes, los pozos de agua cegados que dejan en la sed a manzanas enteras, la prohibición de salir a trabajar que va hundiendo en la muerte lenta a miles de personas, el pánico nocturno con las sirenas de los tanques o los vuelos rasantes de los helicópteros- hay de pronto, a su alrededor, en la celebración de un nacimiento o una boda o un cumpleaños, un estallido de alegría, que es como un abrirse un cielo de tormenta para que se divise allá, lejísimos, un cielo azul esplendoroso, lleno de sol.

Para cualquier persona no cegada por el fanatismo, el testimonio de Rachel Corrie sobre una de las más grandes injusticias de la historia moderna -la condición de los hombres y mujeres en los campos de refugiados palestinos, donde la vida es una pura agonía- es, al mismo tiempo que sobrecogedor, un testimonio de humanidad y de compasión que llega al alma (o como se llame ese residuo de decencia que todos albergamos).

Para quienes hemos visto de cerca ese horror, la voz de Rachel Corrie es un cuchillo que nos abre una llaga y la remueve.

El final de la historia ocurre fuera de la obra, con un episodio sobre el que Rachel no tuvo tiempo de testimoniar. El domingo 16 de marzo de 2003, con siete compañeros del Movimiento Internacional de Solidaridad -jóvenes británicos y estadounidenses- Rachel se plantó ante un bulldozer del ejército israelí que se disponía a derribar la casa de un médico palestino de Rafah. El bulldozer la arrolló, destrozándole el cráneo, las piernas y todos los huesos de la columna. Murió en el taxi que la llevaba al hospital de Rafah. Tenía 23 años.

En la última carta a su madre, Rachel Corrie le había escrito: "Esto tiene que terminar. Tenemos que abandonar todo lo otro y dedicar nuestras vidas a conseguir que esto se termine. No creo que haya nada más urgente. Yo quiero poder bailar, tener amigos y enamorados, y dibujar historietas para mis compañeros. Pero, antes, quiero que esto se termine. Lo que siento se llama incredulidad y horror. Decepción. Me deprime pensar que esta es la realidad básica de nuestro mundo y que, de hecho, todos participamos en lo que ocurre. No fue esto lo que yo quería cuando me trajeron a esta vida. No es esto lo que esperaba la gente de aquí cuando vinieron al mundo. Este no es el mundo en que tú y mi papi querían que yo viviera cuando decidieron tenerme".

domingo, 31 de enero de 2016

Una niña de once años lanza una campaña para leer libros con protagonistas negras

Marley Dias, una niña de once años de Filadelfia (EE UU), ha lanzado una campaña de donación de libros en los que las mujeres negras sean protagonistas.
Marley Dias recoge libros para su campaña, en la Escuela Primaria de Lingelbach,
en el barrio de Germantown, Filadelfia, EE UU. Foto de Janice Dias para Philly Voice.
  Una noche, durante la cena, Marley Dias, de once años, le confesó a su madre que estaba harta de tener que leer "historias de chicos blancos y sus perros" en el plan de lecturas obligatorias en su colegio, en un barrio de Filadelfia, Estados Unidos.

Ante la pregunta lanzada por Janice, su madre, sobre qué pensaba hacer al respecto, Marley fue muy clara: "Lanzar una campaña de recogida de libros en los que chicas negras sean las protagonistas y no personajes secundarios".

Dicho y hecho. Marley se puso manos a la obra y ha lanzado la campaña #1000BlackGirlBooks, que pretende reunir esos mil libros antes del 1 de febrero para luego donarlos a una biblioteca de escasos recursos en St Mary, Jamaica, donde creció Janice. Allí, en la Retreat Primary School, quieren organizar una especie de feria del libro el 13 de febrero para celebrar lo que se haya conseguido en la campaña. De momento, según ha asegurado a la web Philly Voice, ha logrado unos 400, procedentes de donaciones de escuelas y particulares.

Para Janice, la iniciativa puesta en marcha por su hija es muy importante por lo que supone de visibilidad e identificación de las chicas negras en Estados Unidos. "Yo no necesité un referente porque crecí en un país con mayoría negra pero ella vive en un barrio bastante blanco y poder identificarse con un referente es muy importante para ella y las chicas negras jóvenes en EE UU. El contexto es muy importante para ellas: poder leer historias que reflejen experiencias cercanas a las que viven", explica la madre de Marley.



La campaña iniciada por Marley ahora forma parte de una acción anual desarrollada por GrassROOTS Community Foundation, una asociación de Filadelfia que persigue mejorar la salud de las niñas de la ciudad, fundada hace siete años por Janice y Tariq Trotter, el MC del grupo de hip hop The Roots.

¡CENSURARON AL CLUB!

Quizás notaron que durante los últimos 3 días el Club desapareció del mapa.
La razón (o la sin razón) fue que me atreví a publicar una frase de José Saramago cuestionando el régimen fascista de Israel acompañado de un mapa que demuestra la progresiva invasión sionista de Palestina, acompañado por un consiguiente genocidio de este pueblo que algunos pretenden que continúe sin que nadie lo sepa ni haga nada por evitarlo.

Parece conveniente lamentarse de las víctimas de hace 80 años...pero no por las que mueren hoy día bajo bombardeos sionistas.

¿Habrá que esperar otros 80 años para lamentar el exterminio del pueblo palestino? ¿Nos juzgarán nuestros nietos como cómplices por haberlo podido evitar y no haber hecho nada...así como nosotros podemos juzgar al mundo que miró a otro lado mientras el fascismo tomaba Europa?

Algunos me critican diciendo que esto no es tema de literatura...
Si citar a Saramago no es tema literario, quizás sepamos que la literatura en su totalidad responde a una visión inherente a un contexto político y social...
Si decimos (mal dicho) que la literatura no tiene nada que ver con el contexto político y social...quizás podamos decir que la literatura necesariamente nos debe hacer más humanos, y por tanto no imparciales ante el sufrimiento humano...
Si decimos que la literatura no sirve para hacernos más humanos y preocuparnos por los demás...pues mejor sería no abrir jamás un libro.

Yo por mi parte no callaré mientras otros padecen, y haré eco de la voz de tantos autores que llamaron a la humanidad contra las injusticias.

Y para hacer algo realmente, hay que darles a estos genocidas donde les duele, en el bolsillo y todos tenemos el poder de hacerlo y el deber de hacerlo: http://boicotisrael.net/productos/ difundelo para que se sepa...

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martes, 26 de enero de 2016

PERÚ ELIMINA IMPUESTOS A LIBROS PARA INCENTIVAR LA LECTURA

El pleno del Congreso de Perú aprobó este jueves la prórroga, por tres años, de la exoneración del impuesto general a las ventas, equivalente al 18 %, y el derecho a un reintegro tributario a los libros y productos editoriales.

El proyecto que plantea prorrogar la ley 28086, de democratización del libro y fomento de la lectura, fue aprobado en primera votación con 80 votos a favor, ninguno en contra y una abstención. Fue exonerado de la segunda votación y quedó listo para su promulgación por el presidente de la República, indicó una nota de prensa del Parlamento.

La norma busca incentivar a la industria editorial dedicada a la edición, publicación, distribución, importación y venta de libros y productos editoriales afines.

El presidente de la Comisión de Economía, Banca, Finanzas e Inteligencia Tributaria, Modesto Julca, explicó que el dictamen busca prorrogar la vigencia de las disposiciones de índole tributaria contenidas en la ley vigente, con la finalidad de continuar promoviendo todas las fases de la industria editorial.

En el período comprendido entre 2003 y 2012, el valor agregado bruto de la impresión y edición de libros creció a una tasa promedio de 8,3 %, superior a la tasa de crecimiento observada en los años anteriores que fue 3,5 % anual.

El crédito tributario establecido en el artículo 18 de la Ley 28086, por concepto de reinversión total o parcial de la renta neta en bienes y servicios para el desarrollo de su propia actividad o el establecimiento de otras empresas de los mismos rubros, regiría hasta el 31 de diciembre del 2018.

El dictamen plantea también prorrogar por tres años la vigencia del artículo 19, que se refiere a la exoneración del IGV a la importación y/o venta de libros y productos editoriales afines, que vence el 12 de octubre próximo.

Fuente: elespectador.com