viernes, 21 de agosto de 2015

En esta ciudad, los pasajeros que lean en el bus ¡viajan gratis!


En todo el mundo existen usuarios de transporte público que leen libros ya sea en autobuses, metros o trenes. Sin embargo, en la ciudad de Cluj-Napoca de Rumanía, el alcalde Emil Boc ha tenido la idea de potenciar este hábito a través de una campaña donde decretó cuatro días de transporte público gratuito para los pasajeros que leyeran mientras se desplazaban en autobuses. La campaña fue un éxito y le ha motivado para seguir promoviendo la lectura mediante otras iniciativas.





El activista literario y alcalde, también lleva a cabo otras innovadoras campañas como ‘Bookface’ que consiste en que la gente que tiene un libro en su foto de perfil de Facebook recibe descuentos en todo tipo de lugares, desde librerías a peluquerías e incluso en el dentista.

jueves, 20 de agosto de 2015

¿De qué sirve el profesor?, Umberto Eco



Umberto Eco escribió una carta de amor a los buenos profesores: 
Compartimos una nota que Umberto Eco escribió para el diario La Nación, en el 2007.


¿En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia… pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?”



El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.

De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores?

He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela.

Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?

Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios −que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush−. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice “casi todo”, salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.


Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/910427-de-que-sirve-el-profesor

martes, 4 de agosto de 2015

¿Eres Anarquista? La respuesta te podría sorprender

Lo más probable es que ya hayas escuchado algo sobre quiénes son los anarquistas y sobre aquello en lo que supuestamente creen. Lo más probable es que todo lo que escuchaste decir sobre ellos sea falso. Mucha gente parece que piensa que los anarquistas son adeptos a la violencia, al caos y a la destrucción, que se oponen a todas las formas de orden y de organización, que son nihilistas fanáticos que quieren acabar con todo. Nada más lejos de la realidad. Los anarquistas son las personas que piensan simplemente que los seres humanos pueden comportarse de una forma razonable sin tener que ser obligados a ello. En realidad, es una noción muy simple. Pero es la noción que los ricos y poderosos siempre consideraron más peligrosa.



En su expresión más simple, las creencias anarquistas giran en torno a dos premisas. La primera es que los seres humanos son, en circunstancias normales, tan razonables y decentes como les permitan ser y, por lo tanto, pueden autoorganizar sus comunidades sin necesidad de que les indiquen cómo. La segunda es que el poder corrompe. Antes de nada, el anarquismo es una cuestión de tener coraje para tomar los principios simples de la decencia común por los cuales nos guiamos y seguirlos hasta sus conclusiones lógicas. Por muy insólito que parezca, en muchos aspectos importantes, ya eres anarquista (sólo que no te das cuenta). Tal vez te ayude si analizamos algunos ejemplos del día a día:


Si hay una fila para coger un autobús casi lleno, ¿vas a esperar tu turno y contener las ganas de colarte, incluso si no hay ningún policía?

Si respondiste «sí», ¡entonces estás habituado a actuar como un anarquista! El principio anarquista fundamental es «autoorganización»: el asumir que los seres humanos no necesitan que se les amenace con sanciones para que alcancen un grado de comprensión entre ellos, o para que traten a los demás con dignidad y respeto.

Todas las personas creen que son capaces de comportarse de manera razonable. Si piensas que la ley y la policía son necesarias, es sólo porque no crees que otras personas lo sean. Pero si te paras a pensar, ¿no tendrán ellas derecho a pensar exactamente lo mismo en relación a ti? Los anarquistas argumentan que casi todo el comportamiento antisocial que nos hace pensar que es necesaria la existencia de fuerzas armadas, de policía, de prisiones y de gobiernos para controlar nuestras vidas es, de hecho, causado por las desigualdades sistemáticas y la injusticia que esas fuerzas armadas, policía, prisiones y gobiernos crean.

Es todo un círculo vicioso. Si las personas están acostumbradas a ser tratadas como si sus opiniones no importasen, es probable que se vuelvan agresivas y cínicas, incluso violentas (lo cual, por supuesto, hace que sea fácil para los que están en el poder decir que sus opiniones no cuentan). En cuanto se dan cuenta de que su opinión es tan importante como la de cualquier otra persona, tienden a volverse muchísimo más abiertas. Para abreviar una larga historia: los anarquistas creen que, en gran medida, es el propio poder y sus consecuencias lo que vuelve a las personas estúpidas e irresponsables.


¿Eres miembro de un club deportivo o equipo de deporte, o de cualquier otra organización voluntaria donde las decisiones no sean impuestas por un jefe, sino tomadas en base al consenso general?

Si respondiste «sí», ¡entonces perteneces a una organización que trabaja de acuerdo con los principios anarquistas! Otro principio básico es la asociación voluntaria. Es sólo una cuestión de aplicar los principios democráticos a la vida diaria. La única diferencia es que los anarquistas creen que debería ser posible la existencia de una sociedad en la que cada cosa fuese organizada según esos principios, todos los grupos basados en el consentimiento libre de sus miembros y, por lo tanto, todo ese estilo de organización de arriba abajo (militar como los ejércitos, o las burocracias o las grandes corporaciones, basadas en cadenas de comandos) ya no serían necesarias.

Tal vez no crea que eso llegue a ser posible jamás. Tal vez sí. Pero cada vez que llegas a un acuerdo por consenso, en vez de por una amenaza, cada vez que haces un pacto voluntario con otra persona, llegas a un reconocimiento recíproco o alcanzas un compromiso teniendo en la debida consideración la situación o las necesidades particulares del otro, estás siendo un anarquista, incluso aunque no tengas conciencia de ello.


El anarquismo es sólo el modo en que las personas actúan cuando tienen libertad para hacerlo de acuerdo con su elección y cuando negocian con otros que son también libres – y por lo tanto, conscientes de la responsabilidad ante los demás que eso implica. Esto conduce a otro punto crucial: mientras las personas pueden ser razonables y tener consideración si están relacionándose con iguales, la naturaleza humana es tal que parece imposible que lo hagan cuando se les da poder sobre los otros. Dale poder a alguien y abusará de él de una forma u otra.


¿Piensas que la mayoría de los políticos son unos cerdos egocéntricos, egoístas, a los que no les importa realmente el interés público? ¿Piensas que vivimos en un sistema económico que es estúpido e injusto?

Si respondiste «sí», entonces apoyas la crítica anarquista de la sociedad contemporánea (por lo menos en sus aspectos más generales). Los anarquistas piensan que el poder corrompe y que los que pasan la vida entera en busca del poder son las últimas personas a las que debería dársele.

Los anarquistas piensan que nuestro sistema económico actual tiene más probabilidades de premiar a las personas por comportamientos egoístas o sin escrúpulos que a las que son seres humanos decentes, preocupados por los demás. La mayoría de las personas tienen esos sentimientos. La única diferencia es que la mayoría de las personas cree que no hay nada que hacer en relación con eso o que (y es esto en lo que los fieles servidores del poder suelen insistir) puede llegar a hacerse algo que acabe cambiando las cosas para peor. Pero… ¿y si no fuese cierto? ¿Habrá realmente alguna razón válida para creer esto? Cuando se pueden probar, la mayoría de las previsiones sobre lo que sucedería sin estados o capitalismo acaban por demostrar que no están fundamentadas.

Durante miles de años las personas vivieron sin gobiernos. En muchos lugares del mundo hay pueblos que viven fuera del control de los gobiernos, incluso hoy en día. No se dedican a matarse unos a otros. Sólo viven sus vidas, como cualquier otra persona haría. Claro que en una sociedad compleja, urbana, tecnológica… hay una necesidad mucho mayor de organización. Sin embargo, la tecnología puede hacer también que esos problemas sean más fáciles de resolver. De hecho, ni siquiera empezamos a pensar cómo serían nuestras vidas si la tecnología fuese puesta realmente al servicio de las necesidades de los humanos.

¿Cuántas horas necesitaríamos trabajar para mantener una sociedad funcional (es decir, si nos viésemos libres de las ocupaciones inútiles o destructivas como el telemarketing, los abogados, los carceleros, los analistas financieros, los expertos en relaciones humanas, los burócratas y los políticos), si enfocásemos el trabajo de nuestras mejores cabezas científicas de los sistemas de armamento espaciales o del mercado de acciones hacia la mecanización de las tareas más desagradables o más peligrosas como la minería de carbón o la limpieza del baño y si distribuyésemos el trabajo que sobrase entre todas las personas? ¿Cuatro horas al día? ¿Tres? ¿Dos? Nadie lo sabe porque nadie se hace ni siquiera ese tipo de pregunta. Los anarquistas piensan que estas son exactamente el tipo de preguntas que deberíamos empezar a hacernos.


¿Crees realmente en las cosas que les dices a tus hijos (o que tus padres te contaron)?

«No importa quién empezó». «Dos males no hacen un bien». «Limpia lo que ensuciaste». «Haz las cosas pensando en los demás». «No seas mezquino con las personas que te parece diferentes». Tal vez deberíamos decidir si estamos mintiendo a nuestros hijos cuando les hablamos del bien y del mal, o si estamos tomando realmente en serio nuestras propias sentencias. Porque si llevas estos principios morales a sus conclusiones lógicas, llegarás al anarquismo.

Toma el principio de que dos males sumados no producen un bien. Si tomases eso realmente en serio, bastaría para echar por tierra casi totalmente la base de todo el sistema bélico y de justicia criminal. Lo mismo pasa con el reparto: les decimos siempre a los niños que tiene que aprender a compartir, a tener en cuenta las necesidades de unos y de otros, a ayudarse mutuamente; después, cuando estamos en el mundo real asumimos que cada uno es naturalmente egoísta y competitivo. Un anarquista asegurará siempre que, de hecho, lo que les decimos a nuestros hijos es cierto.

Mucho de lo que se consiguió en la historia de la humanidad, cada descubrimiento o hecho que mejoró la vida de las personas, fue gracias a la cooperación y la ayuda mutua. Incluso ahora, la mayor parte de nosotros gastamos más con nuestra familia y con nuestros amigos que con nosotros mismos. Aunque, sin ninguna duda, siempre va a haber personas competitivas en este mundo, no es una razón para que la sociedad se base en el fomento de ese comportamiento y mucho menos para hacer que las personas compitan para alcanzar las necesidades básicas de la vida. Una sociedad que sólo fomenta la competición, sólo defiende los intereses de los que están en el poder, que quieren que vivamos con temor hacia los demás. Por eso los anarquistas proponen una sociedad basada no sólo en la asociación libre sino también en la ayuda mutua.

La verdad es que la mayor parte de los niños crece creyendo en una moral anarquista y gradualmente tienen que darse cuenta de que el mundo adulto no funciona así. He ahí por qué tantas personas son rebeldes, alienadas e incluso suicidas mientras son adolescentes, y acaban por resignarse y amargarse cuando se convierten en adultos. La única recompensa es, frecuentemente, tener capacidad para educar a sus propios hijos y desear que el mundo sea justo para ellos. ¿Pero por qué no comenzamos por construir un mundo que sea realmente basado en los principios de la justicia? ¿No sería ese el mejor regalo que podríamos dar a nuestros hijos?

¿Crees que el ser humano es fundamentalmente corrupto y malo o que algunos tipos de personas (mujeres, personas de raza negra, gente común que no es ni rica ni tiene estudios) son especimenes inferiores, destinados a ser gobernados por alguien mejor que ellos?

Si tu respuesta es «sí», bueno, entonces parece que no eres anarquista al fin y al cabo. Pero si respondiste «no», entonces es posible que estés de acuerdo con el 90% de los principios anarquistas y, esperamos, estés viviendo tu vida de acuerdo con ellos. Siempre que tratas a otro ser humano con consideración y respeto estás siendo anarquista. Cada vez que resuelves tus divergencias con otros a través de un compromiso razonable y escuchas lo que cada uno tiene que decir en vez de dejar que alguien decida en nombre de los restantes, estás siendo anarquista. Cada vez que tienes oportunidad de forzar a alguien a hacer algo pero, en vez de eso, decides apelar a tu sentido de la razón y la justicia, estás siendo anarquista. Lo mismo pasa cuando compartes algo con un amigo, o decides quién va a lavar los platos, u otra cosa con un sentido de equidad.

Claro, podrás objetar que todo va bien mientras se trata de pequeños grupos de personas que se relacionan mutuamente, pero para administrar una ciudad o un país, es un asunto totalmente diferente. Y, evidentemente, esto tiene su razón de ser. Incluso si se descentraliza la sociedad y se pone el mayor poder posible en manos de las pequeñas comunidades habrá (a pesar de todo), un gran número de cosas que necesiten ser coordinadas, desde administrar las vías de ferrocarril hasta decidir sobre qué aspectos debe centrarse la investigación en medicina.

Pero sólo porque algo sea complicado no quiere decir que no haya manera de hacerlo. Simplemente quiere decir que será complicado. De hecho, los anarquistas tienen muchas ideas sobre cómo una sociedad saludable y democrática debería autogobernarse. Para explicarlas es necesario ir mucho más allá de este pequeño texto introductorio. De todas formas, no hay ningún anarquista que pretenda tener en sus manos el modelo perfecto. La verdad es que no conseguimos imaginar la mitad de los problemas que surgirán cuando intentemos crear una sociedad democrática. Incluso así, creemos que la capacidad de los humanos está a la altura de resolverlos mientras la humanidad se conserve dentro del espíritu de nuestros principios básicos (que son, al fin y al cabo, sólo los principios de decencia humana fundamental).

"Pero si vuestro corazón late verdaderamente al unísono con el de la humanidad; si como verdadero poeta os ocupáis de las realidades de la vida, ¡ah! entonces, contemplando ese mar de tristezas, frente a frente de gentes que perecen de hambre; a la vista de esos cadáveres amontonados en las minas y esa aglomeración de cuerpos mutilados en las barricadas; viendo esas interminables cuerdas de deportados que van a enterrarse en las perpetuas nieves de la Siberia o en los pantanos tropicales; ante esta desesperada lucha sostenida entre los gritos de dolor de los vencidos y las orgías de los vencedores, entre el egoísmo contra la cobardía, y entre la noble resolución y la despreciable astucia, no podéis permanecer neutral y vendréis a colocaros al lado del oprimido, porque sabéis que lo hermoso, lo sublime, el espíritu mismo de la vida están al lado de aquellos que luchan por la luz, por la humanidad"


Piotr Kropotkin. A los jóvenes.

- Santiago Salvador Franch

lunes, 3 de agosto de 2015

EXCELENTE LECCIÓN DE DARÍN A FANTINO


FANTINO NO LO ENTIENDE. NO LE "ENTRA"

DARIN entrevistado por Fantino EN ANIMALES SUELTOS:

Fantino: ¿Es cierto que vos rechazaste una oferta para filmar en Hollywood con Tarantino?. 

Darín: Sí, claro. 

F: Y ¿Por qué?. 

D: Porque me ofrecieron el papel principal pero tenía que hacer de narco mexicano, y yo le pregunté a su productor por qué los mexicanos tienen que seguir haciendo de narcos si los que más consumen merca a nivel planetario son los yankees. 

F: ¿Y qué te contestó? 

D: Bueno…a ver…la respuesta que me dio me molestó tanto que afirmó que estaba en lo correcto no filmar con Tarantino. Me dijo: “Entonces es una cuestión de plata, diga cuánto más quiere que se la pagamos, usted ponga la cifra”. Es decir, no pueden llegar a ver ni comprender que hay códigos por fuera del dinero que algunos todavía portamos, ¿me explico?.

F: Mmm...no…la verdad que no.

D: ¿Cómo que no?, Ale, vos sos un tipo piola, tenés que comprender de qué te hablo.

F: Pero podrías haber tenido más plata.

D: ¿Más plata? ¿ser millonario?...y…¿Para qué?

F: ¿Cómo para qué?...¡para ser feliz!

D: ¿Feliz con más plata? ¿De qué me hablás?

F: Bueno…todos quisiéramos tener más plata y ser felices.

D: Ale, yo tengo plata, tengo un auto importado de alta gama. Desayuno, ceno y almuerzo lo que quiero y puedo darme dos duchas calientes al día ¿vos tenés idea de cuánta gente del mundo puede darse dos baños calientes al día?, muy poca gente puede darse ese gusto. Y como no me considero un excelente actor, siempre digo que lo mío fue pura suerte ¿me entendés? En este mundo capitalista salvaje yo soy un tipo de muchísima suerte. Yo soy un privilegiado entre millones de personas, y además tengo la suerte de poder ver eso en mí, que me permite tener una buena cuenta bancaria y no creérmela. Yo me puedo ver desde afuera y me digo “Puta, loco, qué suerte que tuviste”.

F: Pero hubieras filmado en Hollywood…y no podés negarme que de Tarantino al Oscar hay un paso.

D: Creo no me sé explicar bien…yo ya estuve en la ceremonia de los Oscar y no me gustó, todo es de plástico dorado, hasta las relaciones entre las personas. Fui, la pasé lindo, lo disfruté…pero ese mundo no es lo mío, no es lo que yo elegí en esta vida.

F: Realmente me asombrás, Ricardo…te hacía más realista…más con los pies sobre la tierra.

D: Mirá qué casualidad …¡yo a vos también!

UN GRANDE DARÍN 

miércoles, 29 de julio de 2015

[Entrevista] Foucault: La prisión crea y mantiene una sociedad de delincuentes


[Entrevista con Ferdinando Scianna, 1975.]Disponible en el texto: El Poder, una bestia magnífica. Sobre el Poder, la Prisión y la vida– Michel Foucault


– ¿Por qué la prisión, profesor?
-Tenemos vergüenza de nuestras prisiones. Esos enormes edificios que separan dos mundos de hombres, que se construían antaño con orgullo, a punto tal que a menudo se los ubicaba en el centro de las ciudades, hoy nos molestan. Las polémicas que se desatan regularmente a su respecto, y hace poco a causa de numerosos motines, dan claro testimonio de ese sentimiento. Polémicas, molestia y falta de amor que, ademáis, acompañaron las prisiones desde que estas se consolidaron como pena universal, digamos alrededor de 1820. Y sin embargo, esta institución ha resistido ciento cincuenta años. Es un hecho bastante extraordinario. ¿Como, fue Ia pregunta que me hice, una estructura a Ia que tanto se ha censurado ha podido resistir tan largo tiempo?

– ¿Cómo nacen las prisiones?
-Al principio, yo creía que Ia culpa recaía por entero en Beccaria, los reformadores y, en suma, Ia Ilustración. Después, al observar las cosas con mas detenimiento, me di cuenta de que no había nada de eso. Los reformadores, y en particular Beccaria, que se rebelaban contra Ia tortura y los excesos punitivos del despotismo monárquico, no proponían en modo alguno Ia prisión como alternativa. Sus proyectos, en especial los de Beccaria, se basaban en una nueva economía penal que tendía a ajustar las penas a Ia naturaleza de cada delito: así, Ia pena de muerte para los asesinatos, Ia confiscación de bienes para los ladrones y, desde luego, Ia prisión, pero para los delitos contra Ia libertad.
Lo que se erigió, en cambio, fue Ia prisión como pena similar para todos y universal, con Ia salvedad exclusiva de una gradación en Ia duración. Si las cosas sucedieron así, no fue pues a causa de las polémicas de los reformadores; Beccaria no quería sustituir los suplicios y las torturas por Ia prisión.



– ¿Porque, entonces, el paso del suplicio a la prisión?
-Hasta el siglo XVIII, con el absolutismo monárquico, el suplicio no cumplía el papel de reparación moral; tenía mas bien el sentido de una ceremonia política. El delito, en cuanto tal, debía considerarse como un desafió a Ia soberanía del monarca; trastornaba el orden de su poder sobre los individuos y las cosas.
El suplicio publico, largo, aterrador, tenía Ia finalidad precisa de reconstruir esa soberanía; su carácter espectacular servía para hacer participar al pueblo en el reconocimiento de esta, y su ejemplaridad y sus excesos, para definir su extensión infinita. El poder del príncipe era excesivo por naturaleza. Los reformadores, con su proyecto de nueva economía penal, se inscribían en el rumbo de una sociedad en plena transformación. La propuesta de Beccaria era una especie de ley del talión, pero no por eso dejaba de ser una ley, valida para todos, razón por Ia cual se sustraía a Ia arbitrariedad de Ia voluntad del príncipe. La proporcionalidad de las penas en función de los delitos reflejaba y todavía refleja Ia nueva ideología capitalista de Ia sociedad: para un trabajo, un salario proporcional; para unos delitos, unas penas proporcionales.  Este principio persiste en Ia duración variada de las penas de detención, pero lo contradice Ia privación de Ia libertad como castigo único.

– ¿Como fue entonces que se impuso la forma punitiva ?
-Las explicaciones que se han dado hasta nuestros días se relacionan en esencia con las modificaciones económicas de Ia sociedad. En Ia época de los príncipes, en una sociedad de tipo feudal, el valor de mercado del individuo como mano de obra era mínimo, y Ia vida misma, a causa de las violentas epidemias, Ia gran mortalidad infantil, etc., no tenia en absoluto el mismo precio que en los siglos siguientes. Comoquiera que sea, Ia finalidad del castigo no era Ia muerte; al contrario, el arte del suplicio consistía
en demorar Ia muerte al máximo en una “exquisita agonía”, como dice uno de sus teóricos.
En ese sentido, el momento del cambio cualitativo, en Ia filosofía del castigo, fue Ia guillotina. Hoy suele hablarse de ella como un vestigio de barbarie medieval. No es asi; en su época, Ia guillotina fue una ingeniosa maquinita que transformo el suplicio en ejecución capital, efectuada a Ia velocidad del rayo, de una manera casi abstracta, verdadero grado cero del sufrimiento. Se sigue convocando al pueblo para que asista al ritual teatral de Ia pena, pero solo con el objeto de ratificar Ia conclusión y no para que participe en ella.
Con Ia nueva estructura económica de Ia sociedad, Ia burguesía necesita organizar su llegada al poder por medio de una nueva tecnología penal mucho mas eficaz que Ia anterior.

-Mas suave, de todas maneras.
-La “suavidad” de las penas no tiene nada que ver con Ia eficacia del sistema penal. Hay que sacarse de encima Ia ilusión de que Ia atribución de las penas se hace con el objetivo de reprimir los delitos: las medidas punitivas no solo tienen el papel negativo de represión, sino también el papel “positivo” de legitimación del poder que dicta las reglas. Puede incluso afirmarse que Ia definición de las “infracciones a Ia ley” sirve justamente de fundamento al mecanismo punitivo.
Con los príncipes, el suplicio legitimaba el poder absoluto, y su “atrocidad” se desplegaba sobre los cuerpos, porque el cuerpo era Ia única riqueza accesible. El correccional, el hospital, Ia prisión, los trabajos forzados, nacen con Ia economía mercantil y evolucionan con ella. El exceso ya no es necesario: todo lo contrario. El objetivo es Ia mayor economía del sistema penal. Ese es el sentido de su “humanidad”. En efecto, lo verdaderamente importante en Ia nueva realidad social no es Ia ejemplaridad de Ia pena, sino su eficacia. Por eso el mecanismo utilizado consiste menos en castigar que en vigilar.

-Pero ¿la vigilancia no estaba excluida de la tradición penal hasta el siglo XIX?
-Sí. También puede afirmarse que, a pesar del rigor del sistema, bajo Ia monarquía el control de Ia sociedad era mucho mas débil, mas grandes las mallas a través de las cuales pasaban las mil y una ilegalidades populares. A menudo las condenas quedaban sin mañana, el uso las bacía dejar de lado. El contrabando, el pastoreo abusivo, Ia recogida de leña en tierras del rey, aunque amenazados con penas terribles, en realidad no daban prácticamente nunca Iugar a un proceso. En cierto modo, entraban en el juego del sistema como siguen entrando en algunas realidades económicas y sociales particularmente atrasadas.

-Lauro decía que en Napoles el contrabando es la Fiat del sur.
-Exactamente. Pero a fines del siglo XVIII, Ia burguesía, con las nuevas exigencias de Ia sociedad industrial, con una mayor subdivisión de Ia propiedad, ya no puede tolerar las ilegalidades populares. Busca nuevos métodos de coacción del individuo, de control, de encuadramiento y de vigilancia. Los reformadores de Ia Ilustración proponían una nueva economía penal, no Ia nueva tecnología que se necesitaba.

-¿En que tradición se hunden las raíces culturales de la prisión ?
-La forma prisión nace mucho antes de su introducción en el sistema penal. La encontramos en estado embrionario en toda Ia ciencia del cuerpo, de su “corrección”, de su aprendizaje, que se adquiría en las fabricas, las escuelas, los hospitales, los cuarteles.
“Pero respiran”, comentaba con irritación el gran duque Miguel cuando asistía a un desfile militar.
El nuevo ideal del poder pasa a ser Ia “ciudad apestada”, que es también Ia ciudad punitiva. Donde hay peste, hay cuarentena todo el mundo esta controlado, catalogado, encerrado, sometido a la regla. Para defender la vida y la seguridad de la colectividad, se otorga el derecho de matar a cualquiera que circule sin autorización, salvo algunos grupos de ínfima importancia, los individuos descritos por Manzoni, aquellos a quienes se asignan las tareas mas innobles, como el transporte de los cadáveres de los apestados. Bentham proporciona en 1791 la estructura arquitectónica de esta exigencia tecnológica, con su Panóptico.

-¿Que es el Panoptico ?
-Es un proyecto de construcción con una torre central que vigila toda una serie de celdas dispuestas en forma circular, a contraluz, en las cuales se encierra a los individuos. Desde el centro uno controla todas las cosas y todos los movimientos sin ser visto. El poder desaparece, ya no se representa, pero existe; incluso se diluye en la infinita multiplicidad de su mirada única.
Las prisiones modernas, y basta muchas de las mas recientes, calificadas de “modelo”, se basan en ese principio. Pero con su Panóptico Bentham no pensaba de manera específica en la prisión; su modelo podía utilizarse -y se utilizó- para cualquier estructura de la nueva sociedad. La policía, invención francesa que fascinó al punto a todos los gobiernos europeos, es la hermana gemela del Panóptico.
La fiscalidad moderna, los asilos psiquiátricos, los ficheros, los circuitos de televisión y tantas otras tecnologías que nos rodean son su aplicación concreta. Nuestra sociedad es mucho mas benthamiana que beccariana. Los lugares en los cuales existió la tradición de conocimientos que llevaron a la prisión muestran por que esta se asemeja a los cuarteles, los hospitales y las escuelas, y porque estos se asemejan a las prisiones.

-Pero la prisión fue criticada desde el principio. Se la definió como un fracaso penal, una fabrica de delincuentes.
-Lo cual, empero, no sirvió para destruirla. Después de un siglo y medio sigue en pie. Pero, por lo demás, ¿es de veras un fracaso? ¿No sera mas bien un éxito, y justamente por las mismas razones por las cuales se Ia acusa de fracasar? En realidad, Ia prisión es un éxito.

-¿Que éxito ?
–La prisión crea y mantiene una sociedad de delincuentes, el medio, con sus reglas, su solidaridad, su marca moral de infamia. La existencia de esta minoría delictiva, lejos de ser Ia medida manifiesta de un fracaso, es muy importante para Ia estructura del poder de Ia clase dominante.
Su primera función es Ia de descalificar todos los actos ilegales que se agrupan bajo una común infamia moral. Antes no era así: en realidad, un buen numero de los actos ilegales cometidos por el pueblo se toleraba. Ahora eso ya no es posible: el delincuente, fruto de Ia estructura penal, es ante todo un criminal como cualquiera que infringe Ia ley, por Ia razón que sea. A continuación se crea una estructura intermedia de Ia que se vale Ia clase dominante para perpetrar sus ilegalidades: Ia constituyen, justamente, los delincuentes. El ejemplo mas patente es el de Ia explotación del sexo. Por un lado hay prohibiciones, escándalos y represiones en torno de Ia vida sexual; esto permite transformar Ia necesidad en “mercancía” sexual difícil y cara, y luego se Ia explota. Ninguna gran industria de ningún gran país industrializado puede rivalizar con Ia enorme rentabilidad del mercado de Ia prostitución. Esto es valido para el alcohol en Ia época de Ia prohibición; hoy, para Ia droga (véase el convenio turco-norteamericano para el cultivo de Ia adormidera) , para el contrabando de tabaco, de armas …

-¿Como se mantiene la vinculación con el poder?
-Esas enormes masas de dinero suben y suben hasta llegar a las gran des empresas financieras y políticas de Ia burguesía. En suma, se mantiene un tablero de ajedrez donde hay escaques peligrosos y otros que son seguros. En los peligrosos están siempre los delincuentes. Esa es Ia ligazón. Y llegamos al otro papel de Ia delincuencia: Ia complicidad con las estructuras policiales en el control de Ia sociedad. Un sistema de chantajes e intercambios en el cual los roles se confunden, como en un circulo. ¿Un informante es otra cosa que un policía delincuente o un delincuente policía? En Francia, Ia clamorosa figura símbolo de esta realidad es Vidocq, el famoso bandido que en determinado momento se convierte en jefe de Ia policía.
Los delincuentes tienen ademas otra excelente función en el mecanismo del poder: Ia clase en el poder se sirve de Ia amenaza de Ia criminalidad como una coartada continua para endurecer el control de Ia sociedad. La delincuencia da miedo, y ese miedo se cultiva. No por nada en cada momento de crisis social y económica se presencia un “recrudecimiento de Ia criminalidad” y el consiguiente llamado a un gobierno policial. Por el orden publico, se dice; en realidad, para poner freno sobre todo a Ia ilegalidad popular y obrera. En suma, Ia criminalidad funciona como una suerte de nacionalismo interno. Así como el temor al enemigo hace “amar” al ejercito, el miedo a los delincuentes hace “amar” el poder policial.

-Pero no la prisión. La prisión no consigue hacerse amar.

-Porque en los mecanismos modernos de la justicia criminal hay un fondo de suplicio que no se ha exorcizado por completo, aun cuando en nuestros días este cada vez mas incluido en Ia nueva penalidad de lo incorpóreo. La nueva penalidad, en efecto, en vez de castigar, corrige y cura. El juez se convierte en medico y viceversa. La sociedad de vigilancia quiere fundar su derecho en Ia ciencia; esto hace posible Ia “suavidad” de las penas o, mejor, de los “cuidados”, las “correcciones”, pero con ello se extiende su poder de control, de imposición de Ia “norma”. Se persigue al “diferente”. El delincuente no está fuera de la ley, pero se sitúa desde el comienzo en el centro mismo de los mecanismos en los cuales se pasa imperceptiblemente de Ia disciplina a Ia ley, de Ia desviación al delito, en una continuidad de instituciones que se pasan Ia pelota unas a otras: del orfelinato al correccional de menares y de ahí a Ia penitenciaría, de Ia ciudad obrera al hospital y de ahí a Ia prisión.




Fuente: https://periodicolaboina.wordpress.com/2015/07/26/entrevista-foucault-la-prision-crea-y-mantiene-una-sociedad-de-delincuentes/

"No olvides nunca que sabes leer y escribir gracias a un maestro, y no a un futbolista"

"No olvides nunca que sabes leer y escribir gracias a un maestro, y no a un futbolista", dice el posteo.
Yo la verdad me sorprendo tristemente de que muchos lo tomen como una agresión a los deportistas. ¿Un maestro no enseña a escribir y un jugador de fútbol juega al fútbol? ¿Me equivoco? ¿Es así o es al revés?
¿Entonces cuál es el escándalo?
Cualquier cosa que parece una mínima crítica a un futbolista (muchos multimillonarios que lo que menos se preocupan es por ustedes) a los que endiosan y veneran sólo por darles divertimento parece una herejía y atacan y se rasgan las vestiduras como si fuera una afrenta personal.
Pero cuando los maestros que ganan un sueldo miserable piden un aumento los cuestionan e insultan (como si ustedes trabajaran por "vocación"), cuando los docentes aplazan a sus hijos no les preguntan por qué no estudiaron, sino que cuestionan al docente.
Claro que no todos los docentes son perfectos, pero son a quienes entregan sus hijos día tras día. Si sus hijos ven que ustedes no los respetan, ¿cómo los respetarán ellos? ¿Cómo, luego, sus hijos aprenderán a respetarlos a ustedes?

No, yo no voy a dejar de defender a los docentes que son los formadores de las sociedades sólo porque a algunos no les parezca, ni voy a dejar de poner en la balanza a sus venerados ídolos que patean pelotas y que a ustedes mismos y a sus hijos no les dan más que un divertimento de domingo a la tarde, por el que ganan lo que ustedes en sus vidas.
Así estamos, un pueblo o país que demanda más de sus futbolistas que de sus políticos, está condenado. Un pueblo que no respeta a sus maestros, es un pueblo sin futuro.

viernes, 17 de julio de 2015

La pregunta trampa que pone en evidencia la avaricia humana


Un profesor de la universidad de Maryland trata de ayudar a sus alumnos desde 2008 para que aumenten su nota final con una pregunta extra, aunque sólo una clase en siete años lo ha logrado

El camino de la evolución del ser humano tiene ante sí, y desde el principio, uno de los mayores obstáculos que le impide y le impedirá avanzar y mejorar: el propio ser humano. El egoísmo humano se interpone en todas las decisiones, haciendo imposible imaginar una situación en la que el colectivo se sobreponga a lo individual. Esto mismo parece querer demostrar un profesor de la universidad de Maryland que, con una pregunta trampa, evidencia lo que antaño ya afirmaba el filósofo Thomas Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre.

El doctor Dylan Selterman, profesor de psicología de la universidad estadounidense, trata de ayudar a todos sus alumnos desde 2008. En sus exámenes, Selterman incluye desde entonces una sencilla pregunta extra, que ofrece la oportunidad de subir la nota final. Los alumnos, al empezar a leer el enunciado de ésta, se muestran agradecidos y algo aliviados por el regalo, pero antes de acabar la pregunta, sus caras se tuercen en una mueca al ver que el regalo está envenenado.La pregunta trampa propone lo siguiente: “Aquí tiene la oportunidad de ganar algunos puntos extra en la nota final. Seleccione si desea 2 ó 6 puntos extra a su calificación final. Pero, hay una pequeña pauta: Si más del 10% de la clase selecciona la casilla de los 6 puntos, ninguno de ustedes obtendrá ningún punto”.
“He estado incluyendo esta pregunta cada semestre desde la primera vez que enseñé a nivel universitario, en 2008”, apuntó Selterman a ABC 7 News. No es sorprendente descubrir que, desde entonces, sólo una clase ha logrado los dos puntos extra, mientras que todas las demás se han quedado a las puertas, superando siempre el límite impuesto por el profesor de psicología. De nuevo, el egoísmo y la avaricia pasan por encima del bien colectivo e impiden al grupo evolucionar.

El profesor explica que la pregunta no fue idea suya, sino que la tuvo que responder él en un examen en su época de alumno en la Universidad Johns Hopkins. “Entonces, yo escogí la opción de puntos más baja, pero más de un diez por ciento escogió la más alta. Me enfadé mucho con mis compañeros”.
De forma sutil y muy didáctica, el ejercicio disfrazado de pregunta trampa pretende enseñar a los alumnos cómo la acción de grupo afecta a cada individuo. Con ello, Selterman ejemplifica la tragedia de los comunes, un dilema descrito por Garret Hardin en 1968.
La Tragedia de los comunes describe una situación en el cual varios individuos, motivados sólo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, destruyen un recurso compartido limitado aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les conviene que tal destrucción suceda. El egoísmo, la avaricia y la individualidad tienden a vencer en la gran mayoría de los casos al bien común y al conjunto.
Esta idea complementa a la teoría de juegos de John Nash, un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para entender la toma de decisión y la interacción entre quienes deciden. El ejemplo clásico de esta teoría de juegos es el de la decisión del prisionero, que plantea cual sería la decisión de dos prisioneros a los que se les plantea reducir su pena si inculpan al otro, aumentarla si se inculpan entre ambos o mantenerla baja si no inculpan a nadie. En este modelo, el destino de cada individuo depende de las acciones del otro. Individualmente, confesar sería la mejor opción, pero si ambos lo hacen el castigo es peor que si ambos callan.

La pregunta, pese a llevar siete años en los exámenes del profesor de psicología, se ha hecho viral en 2015. Una alumna tuiteó una imagen de la cuestión y logró más de 6.000 retuits en poco tiempo.
Para evitar el escarnio que sufren sus clases y el castigo colectivo, algunos estudiantes han pedido a Selterman que sólo quite los puntos a aquellos que escogen la opción con más puntuación. Él, sin embargo, ha rechazado la opción porque la lección perdería todo el sentido. “Si demasiadas personas abusan de un recurso común, todo el grupo sufre. Sus acciones afectan a los demás, y viceversa”. ¿Logrará el ser humano reconocer ser su propia piedra en el zapato y cambiar?